Manual del mal jefe

Soy partidario de evitar en la medida de lo posible el uso de la palabra líder, ya que nos encontramos ante otro de esos anglicismos incorporados a nuestro idioma de modo innecesario. Líder proviene del inglés “leader”, y cuando llegó a nuestro diccionario resulta que ya teníamos decenas de términos latinos perfectamente aplicables al caso. Líder significa el dirigente, el director, la cabeza visible, el superior laboralmente hablando, el guía, el que manda… en suma, el jefe. Por cierto, esta última palabra también tiendo a evitarla pues no siempre viene a describir de modo fidedigno las relaciones profesionales. Con todo, convengamos en apoyarnos para este artículo en la palabra jefe.

Ya veis, no siempre es posible simplificar las cosas al extremo. Tampoco va a ser fácil identificar desde un primer momento al mal jefe, pues no acostumbran a llevar una capa roja y un tridente, ni tampoco suele desprender un sutil olor a azufre. Ahora bien, tenemos diversos indicadores bastante fidedignos, y a este cometido vamos a dedicar el presente artículo.

Antes de abordar el asunto, es preciso matizar que no toda la responsabilidad de ser un mal jefe va a recaer sobre el propio jefe, ni mucho menos. Al respecto, todos debemos de saber elegir con quién trabajar, y en cualquier caso alejarnos a tiempo de los malos jefes. Piensa en ello igualmente.

 

No saber hacer equipo
Aunque abordaremos otros aspectos muy directamente relacionados con este identificador, tanto la construcción como la posterior gestión de equipos de trabajo merecen por sí mismos un apartado concreto, además en el puesto número uno de nuestro particular ranking. Hacer un buen equipo es la primera y más importante labor de un buen jefe. Tampoco es buen jefe aquel que no sabe motivar. Resumiendo: ser incapaz de trabajar en equipo es, desde cualquiera de sus prismas, un síntoma inequívoco de encontrarnos ante un mal jefe.

Hacer un buen equipo es la primera y más importante labor de un buen jefe.

Querer llevar siempre la razón
Hay gente que no asume hasta qué punto es distinto querer llevar la razón y tener la razón. Partamos de una base, no conozco a nadie que tenga la verdad absoluta en su mano, apuesto a que tú tampoco, y esto se debe a un motivo muy sencillo: ningún humano tiene esa facultad. El mal jefe no admite que se le cuestione bajo ningún concepto, por muy equivocado que esté y aunque sea consciente de ello. Por tanto conviene estar muy atento a estos superiores que nunca saben escuchar, ya no digamos los que nunca tienen en cuenta las opiniones de los demás.

El mal jefe no admite que se le cuestione bajo ningún concepto, por muy equivocado que esté y aunque sea consciente de ello.

Buscar un perfil excesivo o inapropiado para cada tarea
Volvemos nuevamente al primer aspecto, saber hacer equipo. Cuando éste se forma con profesionales sobrecualificados existe un riesgo absoluto de fracaso en el equipo, lo que a su vez evidencia lo incompetente que es su máximo responsable. Por ejemplo, no parece prudente contratar como telefonista a un titulado superior con dos Masters y cuatro idiomas. Los motivos son obvios: dicho profesional no se ha formado pensando en que su vida laboral transcurra en ese puesto y, por tanto partimos desde un prisma de desmotivación. Además, tarde o temprano puede terminar encontrando una oferta de trabajo que realmente se adapte a su perfil y se marchará. Un buen jefe siempre debe de buscar a verdaderos especialistas para cada tarea, no siendo una buena idea que los procesos de selección se basen en subastar cada puesto en función del currículum más abultado o con más méritos académicos.

Un buen jefe siempre debe de buscar a verdaderos especialistas para cada tarea.

No saber delegar
Es labor del máximo responsable el adoptar las decisiones de mayor nivel, pero también debe de saber confiar en su equipo. Aquel jefe que no sabe delegar o que sencillamente supervisa por sistema cualquier cosa que pasa o que se deba de hacer en su equipo es también un muy mal jefe. Otra condición que se escapa claramente de las habilidades humanas es la de ser especialista de todo o saber de todo. Por último, negar el talento ajeno también es inequívocamente otro pésimo perfil.

Negar el talento ajeno también es inequívocamente otro pésimo perfil.

El modo de relacionarse
Factor importantísimo. Existen posturas que rallan en lo psicopático, por ejemplo aquellos jefes que parecen estar siempre de mal humor o que ofrecen la imagen de alguien en todo momento atareadísimo. Aquellos que cambian de parecer con relativa frecuencia son igualmente dignos de ser mantenidos cuanto más lejos mejor. Otros malos jefes se limitan a defender una postura mientras sostienen justamente el criterio contrario, de este modo cuando se equivocan pretenden seguir teniendo la razón. Todos y cada uno de los patrones de conducta descritos en este punto son también indicativos de un mal jefe.

Otros malos jefes se limitan a defender una postura mientras sostienen justamente el criterio contrario.

No saber gestionar éxitos y fracasos
Asumir como propios los méritos de terceros es algo que califico abiertamente de mezquino, y además señala un perfil profesional muy pobre. Por otro lado, aquellos jefes que no pierden un solo instante en buscar culpables para los fracasos también se encuadran dentro de los parámetros de un mal jefe. Debes de tener muy claro que lo primero que necesita un problema es precisamente una solución, y quien no lo entienda así, va por mal camino. Además, el primer responsable de un fracaso no siempre es el jefe, pero sí es su máximo responsable. Aquellos jefes que no saben dar la cara por los miembros de su equipo son igualmente malos.

Lo primero que necesita un problema es precisamente una solución.

 

Podríamos abordar ahora hasta qué punto es necesario saber motivar a un equipo, o aspectos igualmente fundamentales como el establecimiento de un plan de trabajo a corto, medio e incluso largo plazo, y en próximas entregas lo trataremos con todo detalle. No obstante, ten por seguro que si obviamos las pautas anteriormente descritas, es absolutamente imposible seguir avanzando. Por cierto, ¿tu jefe es un mal jefe?.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *